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El Customer Experience (CX) y su relevancia en Ventas:

En el entorno actual de la consultoría y la dirección comercial, la excelencia técnica del producto o la agresividad en precios han dejado de ser ventajas competitivas sostenibles. Nos enfrentamos a un mercado donde la diferenciación real reside en un intangible crítico: la percepción acumulada del cliente.

Javier Gallardo, Director de Customer Experience & Customer Success en Sage Iberia y profesor en Sales Business School, disecciona con rigor académico y pragmatismo ejecutivo cómo la Experiencia de Cliente (CX) ha dejado de ser un «arte suave» para convertirse en una ciencia exacta con impacto directo en la cuenta de resultados.

Este artículo analiza la transición de la venta transaccional a la relacional, fundamentando por qué el Customer Experience es hoy la herramienta más potente en el arsenal de un Director Comercial.

La economía conductual: por qué la razón justifica lo que la emoción decide

Existe un axioma en la teoría económica clásica que asume al consumidor como un agente racional. Sin embargo, la realidad de la Venta moderna, respaldada por los últimos Premios Nobel en economía conductual, dicta lo contrario. Gallardo es categórico al respecto: «El 100% de las decisiones de compra se toman con el corazón y se justifican con la razón».

Durante años, los directivos más prudentes hablaban de un 95% de componente emocional, reservando un margen a la lógica. Hoy, la ciencia del comportamiento confirma que incluso en entornos B2B complejos, el disparador de la decisión es irracional y emotivo. El cerebro busca posteriormente los datos, las características técnicas y el ROI para validar una elección que, en realidad, ya había sido tomada a nivel subconsciente.

Por tanto, definir Customer Experience simplemente como «atención al cliente» es un error de bulto que limita el crecimiento. La definición operativa que debemos manejar en un Comité de Dirección es más amplia: es la suma de lo que el cliente siente en cada una de las interacciones con la organización. No se trata solo del producto o del servicio post-venta; hablamos de micro-interacciones, desde la usabilidad de la web hasta el tono de voz en una llamada de prospección. Cuando un Director de Marketing o de Ventas comprende esta visión holística, entiende que su responsabilidad no termina en el cierre, sino que abarca todo el ciclo de vida de la relación.

Cronología de una disciplina joven: de la calidad al customer centricity

Para comprender la relevancia actual del CX, es necesario contextualizar su madurez como disciplina de gestión. A diferencia de otras áreas del management, el Customer Experience es una ciencia joven. El primer artículo académico que acuña el término y lo trata con rigor científico data de 1996.

La evolución ha sido vertiginosa:

  1. Años 70: El foco estaba en la Calidad (el producto no debe fallar).
  2. El boom del CRM: La tecnología permitió gestionar la relación, aunque a menudo se confundía la herramienta con la estrategia.
  3. La era del Servicio: El foco se desplazó a la atención y el soporte.
  4. Customer Centricity y CX: La etapa actual, donde el cliente es el eje gravitacional sobre el que orbitan todas las operaciones de la empresa.

Gallardo señala que, aunque la intuición comercial siempre ha puesto al cliente primero (existen registros de reclamaciones de clientes en escritura cuneiforme del año 3000 a.C.), la estructuración del CX como departamento con entidad propia, presupuesto y KPIs específicos es un fenómeno reciente. Hoy, perfiles como el de Director de Customer Experience son altamente demandados, no por moda, sino por la necesidad de orquestar la coherencia de la marca en todos los puntos de contacto.

El imperativo económico: rentabilidad y el modelo MADRE

Uno de los debates más estériles en los comités ejecutivos es cuestionar el retorno de la inversión (ROI) de la experiencia de cliente. Gallardo zanja la discusión comparándola con la ley de la oferta y la demanda: es un principio económico inmutable. Un cliente satisfecho presenta mejores resultados financieros que uno insatisfecho; la evidencia empírica es abrumadora.

Para tangibilizar este retorno, Javier Gallardo y la Asociación Española para la Calidad han desarrollado un modelo de investigación denominado MADRE (Madurez y Retorno de la Experiencia). Este marco analítico desglosa el impacto económico del CX en tres dimensiones críticas para cualquier Dirección de Ventas:

1. Adquisición y recomendación (growth) La experiencia es el motor más eficiente de captación de nuevos clientes. El indicador NPS (Net Promoter Score) no mide solo la satisfacción, sino la propensión a recomendar. En términos financieros, un alto NPS reduce drásticamente el Coste de Adquisición de Clientes (CAC). Quien llega recomendado por una buena experiencia previa tiene una tasa de conversión superior y un ciclo de venta más corto.

2. Retención y valor de vida (loyalty) En modelos de suscripción o servicios recurrentes, la renovación es el oxígeno de la compañía. Trabajar la experiencia impacta directamente en dos métricas que todo Director Comercial debe vigilar:

  • Churn rate (tasa de abandono): Una buena experiencia blinda al cliente ante ofertas de la competencia.
  • Customer lifetime value (CLV): No se trata solo de retener al cliente año tras año, sino de aumentar su valor a lo largo del tiempo. Un cliente vinculado emocionalmente es menos sensible al precio y más propenso al upselling y cross-selling.

3. Eficiencia operativa (cost efficiency) Existe el mito de que mejorar la experiencia implica necesariamente aumentar los costes. La realidad es la opuesta. Invertir en CX significa «hacerlo bien a la primera». Al analizar las interacciones y eliminar fricciones, se reducen las reclamaciones, las llamadas de soporte reiterativas y los procesos de gestión de crisis. La eficiencia no solo mejora el margen, sino que libera al equipo comercial para que se dedique a lo que realmente aporta valor: vender, no apagar fuegos.

La simetría de las atenciones: sin employee experience no hay customer experience

Si el modelo financiero justifica la inversión, el modelo organizacional define el éxito de la ejecución. Javier Gallardo introduce una correlación ineludible en la gestión empresarial moderna: la calidad de la experiencia que una empresa ofrece a sus clientes nunca superará la calidad de la experiencia que ofrece a sus propios empleados.

Es lo que en consultoría estratégica denominamos la «simetría de las atenciones». A menudo, los departamentos de Ventas y Recursos Humanos operan en silos, desconociendo que comparten un objetivo común. Un equipo comercial presionado, desmotivado o sin las herramientas adecuadas es incapaz de transmitir empatía o excelencia al mercado. La ecuación es sencilla: empleados comprometidos (Employee Experience) generan clientes leales (Customer Experience), y clientes leales generan accionistas satisfechos.

Por tanto, cualquier Programa de transformación cultural debe comenzar de puertas para adentro. No se puede exigir al equipo de primera línea que sonría o que resuelva problemas complejos con agilidad si la cultura interna es burocrática, rígida o punitiva. El líder comercial debe ser el primer arquitecto de un entorno donde el empleado se sienta empoderado para tomar decisiones en favor del cliente.

La escucha activa: el «feedback» como activo estratégico

En la operativa diaria de la Venta, existe una tendencia peligrosa hacia el monólogo. Los equipos comerciales son entrenados exhaustivamente en argumentarios, manejo de objeciones y cierre, pero raramente en el arte de la escucha profunda. Gallardo resalta una verdad anatómica con implicaciones de negocio: «Tenemos dos oídos y una boca para usarlos en esa misma proporción».

La gestión del Customer Experience se nutre fundamentalmente de la voz del cliente (VoC). Sin embargo, muchas organizaciones cometen el error de preguntar solo para obtener una métrica (el dato del NPS) y no para comprender la raíz del problema. El verdadero valor reside en el «Close the Loop» (cerrar el círculo):

  1. Preguntar: Recoger el feedback.
  2. Analizar: Entender el porqué de la insatisfacción o la alegría.
  3. Actuar: Corregir el proceso o potenciar la fortaleza.
  4. Comunicar: Informar al cliente de que su opinión ha generado un cambio real.

Cuando un cliente se toma el tiempo de responder a una encuesta o poner una queja, nos está regalando consultoría gratuita sobre nuestros fallos operativos. Ignorar ese regalo es un desperdicio de recursos imperdonable. La excelencia en Ventas hoy requiere humildad para aceptar el error y agilidad para corregirlo.

La era de la indiferenciación y el valor del recuerdo

Vivimos en un mercado saturado de commodities. Las barreras de entrada tecnológicas han caído, permitiendo que la competencia copie productos, funcionalidades y precios en cuestión de semanas. En este escenario de homogeneización, ¿qué queda? Queda la marca y, sobre todo, la experiencia vivida.

El cliente puede olvidar lo que le dijiste en una reunión. Puede olvidar el precio exacto que pagó hace dos años. Pero, como bien señala Gallardo evocando principios de psicología cognitiva, nunca olvidará cómo le hiciste sentir. Esa huella emocional es la única ventaja competitiva incopiable.

La Formación ejecutiva debe inculcar que la experiencia de cliente no es un departamento estanco ni una iniciativa de marketing. Es una cultura transversal. Desde el departamento financiero que emite una factura (que debe ser clara y sin errores) hasta el equipo de logística que entrega el paquete, todos están haciendo Venta. Todos están construyendo o destruyendo la promesa de marca.

El futuro de la dirección comercial pasa inevitablemente por directivos que entiendan que su trabajo no es solo vender un producto, sino gestionar las expectativas y emociones de una cartera de clientes. Quien domine esta disciplina no solo liderará el mercado en cuota, sino también en rentabilidad y reputación. En un mundo digital y automatizado, la excelencia humana en el trato es el nuevo lujo.

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